A lo largo de décadas, un creciente volumen de literatura ha demostrado vínculos claros entre lo que comemos y la probabilidad de desarrollar diversos tipos de cáncer.En los últimos años, la investigación se ha alejado del impacto de los ”superalimentos” y antioxidantes individuales para centrarse en cómo los hábitos alimentarios generales a largo plazo afectan el riesgo.
Eso no quiere decir que cualquier diagnóstico de cáncer pueda atribuirse a la dieta de alguien; después de todo, el cáncer surge como resultado de una gran constelación de factores y se presenta en personas que toman decisiones saludables.
Pero a nivel poblacional,hay algunas tendencias en los datos. Esto es lo que sabemos.
Priorizar las plantas.
Los patrones de alimentación que priorizan los cereales integrales, las frutas y verduras frescas, y las proteínas magras o vegetales han demostrado la asociación más consistente con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer.Una razón podría ser que las personas que siguen estos patrones de alimentación presentan niveles más bajos de insulina e inflamación, según Fred Tabung, epidemiólogo especializado en cáncer de la Facultad de Medicina y el centro Integral del Cáncer de la Universidad Estatal de Ohio, quien estudia la dieta, el metabolismo y el cáncer.
Los niveles crónicamente altos de insulina e inflamación son características clave de la obesidad y el síndrome metabólico, que median el riesgo de cáncer. Los niveles altos de insulina e inflamación también promueven la división celular innecesaria, el crecimiento celular, el daño al ADN y la inhibición de la muerte celular, todos ellos características distintivas del cáncer, afirmó el Dr. Tabung.
Los cereales integrales, las frutas y verduras frescas, las legumbres y los frutos secos contienen mucha fibra dietética, que se ha asociado con un menor riesgo de cáncer. Esto podría deberse a que la fibra ayuda a acelerar el tránsito intestinal, lo que limita la exposición a carcinógenos, y a que nutre a los microbios intestinales que ayudan a proteger contra la inflamación, explicó la Dra. Kimmie Ng,jefa asociada de la división de oncología gastrointestinal del Instituto de Cáncer Dana-Farber de Boston.
El Dr. Tabung agregó que las verduras de hoja verde como la lechuga, la col rizada, la espinaca y la rúcula, y las verduras de color amarillo oscuro como las zanahorias, los ñames y la calabaza, cuando forman parte de un patrón dietético más amplio, parecen promover niveles más bajos de insulina e inflamación.
Elige tu carne con cuidado.
La Agencia
Alcohol Consumption Linked to Increased Cancer Risk, Research Shows
Even moderate alcohol consumption increases teh risk of developing several types of cancer, according to experts at the American Cancer Society. The institution emphasizes that reducing or eliminating alcohol intake is the best way to mitigate this risk.
“There is no safe level of alcohol consumption when it comes to cancer risk,” said Giota Mitrou, Chief Executive of Research and Policy at the American Cancer Society. “Less is better,and avoiding it is best.”
A recent study demonstrated that consistent alcohol consumption, and higher lifetime intake – averaging 14 or more drinks per week - increased the risk of colorectal cancer. The study also found that ceasing alcohol consumption appeared to reduce that risk.
The American Cancer Society explains alcohol contributes to cancer development through multiple pathways.The body metabolizes alcohol into acetaldehyde, a toxic substance to cells. Alcohol also elevates estrogen levels, perhaps promoting the growth of certain breast cancers. Furthermore, it’s linked to oxidative stress – an imbalance of unstable molecules reacting with DNA – and can hinder DNA repair processes.
Experts recommend avoiding alcohol consumption on an empty stomach, as this can increase exposure to its harmful effects.
